El Relato de Nación, si logramos salir de esta pesadilla, será la posibilidad para que Macondo pueda por fin de salir de los Cien Alos de Soledad a los que hemos estado condenados

El Relato de Nación en Disputa

Con el nuevo viejo gobierno de la Derecha se revive un recrudecimiento de la Guerra Cultural en Colombia por el Relato de Nación y se resignifica la política del  Enemigo Interno que no es otra cosa que mantener a  los países en estado permanente de conflicto y de zozobra  esperando los salvadores de la patria.

Se cree que la guerra es la eliminación física de un enemigo, pero poco se habla de  la previa construcción cultural de ese  “enemigo” (léase Enemigo Interno) al que se le acusa  de manera sesgada de  todos los males de la sociedad.  Y, luego de sembrar con mentiras el desprestigio de un líder o de un grupo o partido, se procede muchas veces a su  exterminio físico o político.

En Colombia tenemos tres ejemplos paradigmáticos de guerras culturales: uno de ellos, el Plebiscito por la Paz en el gobierno de Juan Manuel Santos en el 2016. Fue tal la campaña que se lanzó desde los púlpitos de las iglesias cristinas contra los Acuerdos de Paz que, paradójicamente,  este país que ha vivido como ningún otro de América Latina una guerra interna de sesenta años, votó, frente al asombro del mundo entero,  NO A LA PAZ!

Y ese voto fue una minuciosa y diseñada construcción cultural. Se persuadió a los votantes de que, con los Acuerdos de Paz, las mujeres iban a ser obligadas a abortar y los hijos podían volverse homosexuales. Se hizo una campaña patriarcal y homofóbica tan absurda como  brutal pero  eficaz contra la llamada ”Ideología de Género.”

 El otro ejemplo, es el del genocidio contra la Unión Patriótica. Durante años se acusó a este partido y movimiento de que los militantes y simpatizantes combinaban todas las formas de lucha. Y, no era verdad. Ese fue un movimiento que se organizó en el gobierno de Belisario Betancur para facilitar la paz.   Se  suscribió un acuerdo para comprometer a la insurgencia en los Diálogos de Paz. inclusive algunos insurgentes fueron indultados temporalmente para que trabajaran en este propósito  En las alecciones la UP había conseguido numerosas curules en senado y cámara y varias alcaldías. Y ahí comenzó la matanza. Uno a uno fueron asesinando a los líderes sociales y comunitarios, a los estudiantes, a los concejales, campesinos y parlamentarios. Y simultáneamente se fortalecía el relato en su contra.

Ese acuerdo con el presidente Belisario fue un intento frustrado de participación de la sociedad civil en la construcción de la Paz, que es o debería ser parte fundamental del Relato de Nación. El acuerdo se convirtió en una trampa mortal para los militantes. Cayeron miles, entre ellos dos candidatos a la presidencia y varios alcaldes. Unos cuantos tuvieron que exilarse y muchos otros y otras sobrevivimos en medio de la persecución y las amenazas.

La campaña cultural de desprestigio contra los militantes y simpatizantes de la Unión Patriótica formó parte de la guerra contrainsurgente contra “el enemigo interno” y provino de una alianza estado paramilitares proveniente de los gobiernos “elegidos democráticamente“ de Virgilio Barco y de Alvaro Uribe,  principalmente. Mientras sucedía la matanza y el desprestigio, una parte de la sociedad miró para otro lado. Y eso posibilitó el exterminio, hoy tipificado como Genocidio.

Afortunadamente la Corporación Reiniciar en cabeza de Jahel Quiroga,  logró, después de esperar 25 años, que prosperara la demanda ante  la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que no solo dictó sentencia sino que responsabilizó  totalmente al Estado del exterminio. No fue solo un genocidio contra la U.P fue contra un país, así como la matanza de los jóvenes de los llamados Falsos Positivos, fue contra nuestros jóvenes.         

El  otro caso muy peligroso está sucediendo ahora  a partir de la contienda  electoral que acaba de pasar. Se construyó  de antemano un relato y se diseñó una campaña por parte del candidato de la derecha Abelardo de La Espriella, un abogado de narcos y mafiosos,  que según algunos analistas contaba con una “franquicia” de la doctrina Donroe.

Este señor construyó un discurso no frente a un adversario, sino de entrada frente a un “enemigo”. Nuestro candidato Iván Cepeda y los doce millones setecientos mil electores fuimos nombrados como enemigos. Y,  una de las amenazas del dueño de la franquicia, con sus propias palabras,  fue la de destriparnos.

 El candidato de la izquierda y del progresismo  Iván Cepeda quien tenía la campaña por la Defensa de la Vida,  fue  acusado  por parte del propio candidato de la derecha,  de  guerrillero de las extintas FARC. Y, los electores  están siendo paulatinamente señalados y amenazados como  subversivos, guerrilleros y narcotraficantes. Esas acusaciones se extienden al gobierno saliente desde acusar de narcotraficante al propio presidente Gustavo Petro, hasta los funcionarios de las instituciones con quienes se hace un empalme,  generando de antemano sobre ellos dudas de corrupción.    

A partir de ahí con ayuda de muchos y poderosos medios se ha ido trabajando culturalmente un relato del odio y del  miedo. Se han visto ya casos de amenazas y ataques violentos a campesinos que han sido beneficiados con la Reforma Agraria,  de ataques a jóvenes revolucionarios por sus discursos,  e inclusive,  de haber tomado preso en Estados Unidos a un periodista reconocido por haber hecho  críticas al candidato elegido De la Espriella. Es el caso de Beto Coral de quien pedimos  su libertad.

El poder mediático alineado a la derecha defiende estas elecciones como un ejemplo de la “democracia” donde, según ellos, el pueblo se expresó “libremente”. Y no es así. No es libre una persona que recibe cientos de mensajes al día en contra de una persona, de un partido o de un grupo. No es democrática una campaña con millones de dólares de los Estados Unidos y con cientos de votos comprados comolo atestifgua muvha gente ,  frente a otra que no ha recibido dinero.

No es libre ni democrática una campaña con los medios más  poderosos de comunicación a su favor, a otra que tiene muy pocos medios. Pero vale la pena destacar que Iván Cepeda, a pesar de la desventaja, tuvo, tuvimos,   doce millones setecientos mil votos! Hay serias quejas y denuncias  sobre   los votos del señor De la Espriella. Estas quejas están en investigación así como la ilegitimidad (en disputa) de este señor  para asumir la presidencia debido a su nacionalidad gringa y al juramento de  lealtad absoluta a los Estados Unidos. No sólo por los votos y la nacionalidad, sino, además,  por las acusaciones y demandas  en su contra acerca  de los supuestos  nexos de este personaje con el paramilitarismo.  

 Sabemos el poder de los medios y de las redes,  sobre todo  cuando se usan de manera deliberada y masiva  para incidir en el imaginario social. Hoy ese poder está multiplicado con el uso de los medios digitales.  Sabemos  que lo que sucede en Colombia no es un caso aislado. Los candidatos de la derecha en América Latina  forman parte de un programa minuciosamente preparado y financiado en  los escritorios de las derechas del mundo lideradas por Estados Unidos e Israel.  En todos los casos se repite el mismo formato del relato previo mediante el cual se agigantan los peligros, se  desprestigia a los candidatos  progresistas y se  muestra los elegidos de la derecha como los salvadores de la patria.   

 Tenemos que reconocer que las izquierdas y el progresismo de América Latina  no ha, no hemos comprendido de manera suficiente las guerras culturales. Se cree que todo se resuelve desde la política. Es necesario dimensionar  estas guerras  y preparar las batallas culturales  para la defensa. Las batallas culturales tienen que ver con la capacidad que desarrollemos de llegar al alma de la gente. No basta la razón, que la tenemos. Son necesarios los sentimientos, las emociones y los afectos.

Estamos en el corazón de una nueva guerra cultural mediática que hace campañas con mucho dinero utilizando mensajes seductores, que utiliza símbolos y metáforas, y a la vez discursos autoritarios llenos de amenazas contra el enemigo construido por ellos y a la vez hace promesas con un lenguaje  mesiánico y religioso.

Es demasiado evidente en el caso colombiano. Los textos que  han sacado dicen textualmente que promoverán la “reconstrucción de las narrativas y agendas de la patria”, que vienen   a “recuperar el relato de la izquierda y a subvertirlo.” Y, que de lo que se trata es de una verdadera “contra revolución cultural” (¿?). No deja de ser paradójico que el primer documento que sacaron se refiere a la cultura y que el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, será fundido con el de deporte y pasará a  llamarse Ministerio  de Industrias Creativas.     

Nosotros con el gobierno del presidente Petro y con las movilizaciones de los movimientos culturales y artísticos nombramos al Ministerio de las Culturas las Artes y los Saberes. Y, estamos reconstruyendo en medo de muchas dificultades el Relato de Nación. Por ahora es un relato fragmentado por tantos años de guerra y de violencia, por las matanzas y el desplazamiento. Con el gobierno del Cambio, estábamos empezando a comprender y a dimensionar el lugar que habitamos, su belleza, su singularidad y las epopeyas vividas.

Estábamos entendiendo que somos el corazón del mundo y el país de la belleza Y, estábamos sintiéndonos muy orgullosos y orgullosas de ser de aquí. Este Relato de Nación  está en construcción. Tiene que ver mucho con el reconocimiento de la Verdad de los hechos como  resultado de los Acuerdos de Paz, gracias a los cuales,  se desmovilizaron 11.000 hombres y mujeres armados. Este relato, o mejor,  estas batallas cultuales han venido teniendo históricamente testimonio en las culturas, las artes y los saberes. Desde el movimiento teatral con obras como Guadalupe Años sin Cuenta del Teatro La Candelaria,  de la película la Estrategia del Caracol, de la Casa Grande de Alvaro Cepeda Samudio y los centenares de obras y  fiestas populares. Ese relato lo estamos escribiendo  con  el testimonio de las  víctimas, con Edson Velandia y los  cientos de canciones del Estallido Social y, con el relato de las mujeres contra el patriarcado.

El Relato de Nación, si logramos salir de esta pesadilla,  será la posibilidad para que Macondo pueda por fin de salir de los Cien Alos de Soledad a los que hemos estado condenados     

Patricia Ariza

Dramaturga

Activista por la Paz

Directora del teatro La Candelaria