La comunicación como definición de la identidad.
Por: Fernando Ballesteros Valencia
Comunicador Social Periodista – Directivo gremial / Experto en gerencia de proyectos informáticos – Asesor en políticas públicas
Ensayo
- Por qué no es solo una mirada, la que se plasma en el periódico mural de las civilizaciones como memoria histórica.
- Somos la historia; en ello, el presente que nos define, y en el futuro memoria de identidad; somos cultura
Somos la síntesis del caminar…
La cultura no solo aflora como producto del nacer de la vida de una sociedad que le determina como identidad propia, hace parte de su ADN, se instala en un lugar, un espacio, con su propia y únicas características, el entorno y la vida social, se constituyen e instituyen en una sola y propia forma de ser de actuar, individual como colectiva; estas dos funciones inseparables; allí se auto edifica unas formas de ser, de actuar, de vida, un sello propio y único, que le diferencian del resto de las colectividades, siendo ella misma, cuerpo unificador del todo lo que se definiría en el siglo XXI como nación; es el modo – una forma de ser y que nos define culturalmente como personas libres, lo que somos, únicos, que en últimas, es lo que representamos ante el concierto de las civilizaciones, y lo que mejor, nos identifica.
Ahora bien, en las identidades culturales; por que la cultura no es un molde único, un modelo monolítico, no se encasilla, ni obedece a modelos, formas o estructuras terminadas, se corresponde así, se auto define, se inventa y re-invita, tiene identidad propia, es un cuerpo nutriente, vivo, nunca se agota en su permanente creación y definición; pero lo que sí es cierto, y certero decir, es que siempre queremos por nuestra naturaleza humana – definirla, descifrarla; es claro, por demás fácil entenderla; ella, la cultura, por si sola se explica, se da a entender, nos da una respuesta; es que es nada más y nada menos que la identidad, la cultura; esa es la totalidad que la hace tan clara, a la hora de describirla, de hablar, de entablar un dialogo; al respecto de ella, es lo que somos, y se define por sí sola, univoca, única, propia, ya está decidido. Yo no la elijo, no la defino, no la demarco, es todo y es, por lo que somos; no se agota, si no que se define en su ser y el que hacer de la creatividad individual, y que nos inmiscuye a todas y todos; ella te reviste, cubre y se viste en ti, en dos, y más, de todas y todos; es más, es la definición de la civilización de humanidad, de lo que somos.
La cultura, por si sola, posee, ocupa su espacio en la memoria de las civilizaciones, la define, y le da cuerpo a la sociedad; en lo individual, como en lo colectivo, se instituye desde el ejerció propio del ser y del estar de la memoria de la existencia de la geografía, del entorno natural de las especies, de la naturaleza continental e insular, que se lleva como sello imborrable por los colombianos en el exterior, en el mundo; como uno solo, hacen al hablante, le define como expresión humana; consigna su significado, desde siempre, aun en los murales pre históricos de la memoria, es la comunicación social, como definición de lo que somos, como relato humanitario, en marcados en valores éticos morales y de respeto por lo que nos enmarca que es la nación, el estado, el país que nos define, es la familia por antonomasia.
Somos la historia; en ello, el presente que nos define, y en el futuro memoria de identidad; somos cultura.
Las estructuras antes, que se fueron esculpiendo, edificaciones de las sociedades propias en otros países, no moldearon la cultura, la nutrieron para ser identidad; son espacios del tiempo, que le dan vitalidad a la cultura de las civilizaciones; ellas, aunque sumen toda la geografía de las expresiones; por sí solas, son cultura, son expresiones; cada una en su tiempo, momento y lugar de la historia; formas de expresión, son parte de las características propias que nos hacen humanos, más no un todo, somos sumas, elementos propios de la identidad social, nunca, son por si sola una sola cultura aunque sea hegemónica, nunca unificadora universal; lo que nos define, a cada una es una identidad propia que se nutre del caminar.
Las estructuras por supuesto que son formas de interpretar un momento, un modo, una moda, una imposición, un orden, hasta un caos; a fin de acercarnos a entender momentos, son un bálsamo, funcional; da sentido al el gran vacío existencial; sentirnos en un sin sentido de cuanto nos rodea y lo que no somos – guerras, no somos caos, somos orden – cosmos; necesitamos escribirnos, descífranos, identificarnos, graficarnos de una y mil formas de expresiones humanas que nos define, de sentires y ahí, está la cultura como ese todo esa fuente de inspiración, nutriente, un lugar común a todos; es lo que nos define y determina.
Nuestros equívocos, filosóficos, psicológicos, sociológicos, antropológicos, económicos o nuestros aciertos, acumulados; somos un laboratorio de creación permanente y al final lo que nos anima, son las expresiones culturales, es el punto de partida de la siquis, lo que nos ata a la tierra, a fin de darnos, de entregarnos una herramienta que nos ayude a darle un “orden” a este gran proyecto de especie humana que somos como colombianas y colombianos.
Los sujetos, sus ideas, sus propuestas, proyectos que nacen, crecen, se reproducen y mueren, son parte de ello, de la expresión en la cultura; la suma de ellas contribuye a la identidad, que nos define, es la constante búsqueda por llenar los inmensos vacíos que han troncado un difícil caminar; caminemos, ahí se inventa, se reinventa, se corrige, sale a la luz; esa la chispa que enciende nuestra creatividad, a fin de acercarnos a definir esa inconmensurable palabra que se define como vida; y cómo lo hace, a través del acumulado que somos, es, las personas que debemos ser, un ejemplo de ello, el legado en las pinturas – pictografía, las misma grafía que como resultado, claro, que es al observarlas y dar sentido a esas figuras, es un proceso que se fue inventando desde las identidades de lo que creemos – lo vemos, nuestro entorno; antes, generalidades, formas sin detalles; luego con siluetas descritas, posteriormente más definibles, y el resultado luego de miles de años, de siglos, expresiones cuya claridad nos dice y define cada figura con claridad; como el dibujo de un niño, que en el acumulado de su hacer conocimiento, a joven, a adolecente, adulto lo define como escultor; ahora, la memoria, lo que significo en ese instante, y lo que en la definición de lo que somos hoy como acumulado somos y como lo que nos determina. Lo consignado en esas paredes, en la grafía, un mensaje de la memoria, de la existencia; a través de nuestras expresiones, de lo que se podría acercarse a una expresión cultural, la suma de ello, somos y lo legaremos.
De la memoria al almacenamiento digital en la comunicación
La memoria ancestral, la posta a los pictogramas, y de este a lo escrito, a lo digital, sumas de la inteligencia humana, a la inteligencia artificial, cuyas bases se fundan en sus construcciones, en sus resignificados, como son las inteligencias ancestrales, las inteligencias acumuladas en experticias, las inteligencias académicas; ahí el corto circuito en el chip colonial, la a-culturización, constituyo otra de las capas, otro de los momentos, que como en las grafías de las cavernas ayudaron a dar forma; no por sí sola, lo que significa en su dimensión, nuevas realidades, caos, nuevos aportes a lo que nos define como lo que se es; un factor a tener en cuanta antes.
La prensa escrita no remplazo la conversación, la radio no borro de un tajo los medios impresos, la televisión no elimino a sus competidores que le precedieron, sumaron memorias; del cerebro a la mano escrita, al procesador de palabras a la computación, una integración técnica, a la tecnológica, otra herramienta de comunicación, de la máquina de escribir, a los códigos binarios, el escrito, el texto, lo auditivo, la imagen y todas en una, la multimedia; tal como lo es hoy la inteligencia artificial, otra herramienta, producto de la acumulación de datos, memorias acumuladas, copiar – pegar, nunca será pensar por sí sola, discernir, nunca razonar, un poder único de la especia viva, y menos crear; y es que la cultura no se agota en la creación de herramientas; desde las mismas que nos permitieron cultivar, a las maquinas industriales, a los canales de comunicación, desde el impreso a lo digital, esta, tan reciente herramienta, puede ser usada para la manipulación, para la guerra cultural de ideales personales, grupales, de poderes; cuyo fin se equivoca en sentido de uniformar comportamientos, la especie humana no se acorrala – no se deja encerrar en la caverna; la cultura de-construye los saberes y los transforma siempre desde la única herramienta natural heredada por generaciones y es la creatividad; las maquinas podrán repetir los acumulados de la creatividad humana, nunca pensar y remplazar la individualidad la colectividad comunitaria, los acuerdos en favor de la vida y no de la guerra.
Es fundamental pensarnos desde las identidades territoriales, lo que nos posibilito, el cómo inventarnos, reinventarnos, seguir por definir lo que somos, por definición; representa ser civilización primigenia, nativas; forjadas desde las ancestralidades; los arquetipos de las generaciones primigenias; el inconsciente colectivo como la herramienta más poderosa de la identidad, que se concretiza en formas de expresión, memoria, un ordenador natural, el software mental; tales definiciones, solo son entendibles en las dimensiones del ser y el estar humano de tales sentires, actuares, expresiones que se traducen en identidad, dando vía a la cultura, con un ADN propio, inmodificable, pero si impactado por los nuevos trazos que generaciones tras generaciones modelaron como paradigma que somos.
En ese mismo lienzo, pared, muro, periódico, medio, canal de comunicación se pintan los miedos, pero contrasta la luz del día, de la flama, en la oscuridad de la caverna; sombras y luces, propias, que a favor o en contra definen esa figuración mental, de ese momento, ese interés de poder, y que con el tiempo se transforma; es el poder de la cultura dándose forma – identidad; es puntual, su uso para la explotación, para la esclavitud, para el sometimiento, desde la denominación económica del poder; más sin embargo no es pasar de largo, si de cómo se constituye en realidades a moldear y a resignificar, en etapas, fases, momentos de la humanidad que afloran a fin de dar forma a las identidades propias que esculpen las realidades de lo que somos, de cambio de la trasformación, es salir de la caverna.
Como olas del tiempo que impactaron esos muros; unos borrados, otros afectados, muchos hoy intactos; registran lo que puede ser, las primeras páginas de un periódico, del libro de la humanidad en imágenes que hoy están en el cine, la televisión, los dispositivos móviles, los nuevos medios; ello descifra la primera de las tres IA (la inteligencia ancestral) humana; por que no es solo una mirada la que se plasma en el periódico mural; es una continuidad de la obra humanitaria, es la proyección de las sombras en la oscuridad de las cavernas fijas en imágenes sobre los muros; el asombro de un hombre, mujer, niño, joven, del núcleo primario de la familia, es lo que somos; en la que los roles empiezan a marcar los surcos de las funciones sociales; siempre es bueno pensar que a partir de las necesidades, demandas humanas se definen las estructuras sociales, desde ese núcleo fundacional, hoy es el centro del estado, el deber ser de las civilizaciones la familia, como síntesis de la cultura.
Aquí citar a la Himani Bannerji socióloga que en la publicación inventing subjects Studies in hegemony , patriarchy and colonialism… quien sostiene que las personas sean ficciones, sino que la identidades sociales son producidas históricamente, como las sombras proyectadas de las sociedades reflejo – cultura espejo, el ser, como – no – somos, la supremacía de la imposición “colonial” (Chip colonial), copiar – pegar, hecho explicable que se diera en diferentes lugares del mundo, pero sí, como el reflejo del “fuego” en las cavernas, moldeara mensajes, descifrara ideales, imaginémonos un momento “Pangea”, un solo continente un solo territorio, entonces un solo “país” y solo entonces, entenderíamos que eran una sola cultura, un mismo libro, que se escribe en el tiempo, hoy virtualiazado, miedos, temores de la caverna en las guerras, en tiempo real; masacres de civilizaciones ancestrales. Los puntos cardinales distantes uno del otro, se escribían en paredes, hojas de un mismo lienzo en lugares, uno distante del otro, pero páginas de una misma obra la de las civilizaciones, que no se dejan borrar.
En tal sentido este eslabón de la cadena de la humanidad que tiene principio, y desencadena procesos de creación y cuyas sumas somos la identidad lo cual nos habla de lo propio, lo único, de cada civilización.
Las definiciones pueden estrechar las mismas conclusiones, ya de por sí, pueden ser pensadas para hacerlas funcionales, creíbles y hasta ser definidas como camisas de fuerza a fin de enmarcar comportamientos y por lo tanto de hacer de las teorías de las ciencias humanas los límites de la libertad; por lo tanto, las fronteras de lo que debemos saber y hasta donde pensar son los limites mismos del conocimiento; ahí, una vez más se validan, se traen conceptos reflejo, modos de determinar, valores, medidas y formas que hoy son cárceles del saber; pero siempre con perspectiva de libertad.
La familia, la educación, la moral, la cultura que todo lo integra y define, como un proceso ya terminado; como se sostiene aquí en esté escrito, es un elemento más, a la constitución de esa figura que se proyecta en el cuarto (caverna) de imágenes proyectadas en cada momento, que son lo que fuimos y hoy somos y el, cómo, nos identificamos en ese espacio desde las cavernas; que nos permitido dominar la oscuridad, a la agricultura, a la industrialización, a la modernidad, a la pos modernidad, o al límite que hoy caminamos, a una suerte de libertad modelada, en otro supra-modelos, el de la familia, sociedad, civilización, a la nación, Estado que somos, y que su reflejo en el muro de la existencia de cada ser humano, nos deje ser, es la disputa de la batalla cultural.
